domingo, 21 de noviembre de 2010

El icono como ejemplaridad

(...) "Aunque hacemos imagenes de los hombres-escribe San Cirilo de Alejandría-, no las hacemos para adorarlas como a dioses, sino para que, al mirarlas, seamos impelidos [impulsados] a su emulación".

(...) La Iglesia ve en el icono uno de los medios por los que su predicación llega a los fieles, incitándolos a realizar su vocación en la tierra, es decir, a adquirir la semejanza de Dios. Algunas de esas imagenes pueden parecer duras para nuestra sensibilidad, por ejemplo aquellas que nos presentan a santos con rostros macilentos [delgados, demacrados, alicaídos]. Pero lo que quieren destacar dichos iconos es la necesidad de la victoria sobre las pasiones como condición indispensable para la esiritualización del rostro humano, que es el reflejo del alma. Las imagenes de los santos irradian paz, no la paz del "pacifista", sino de aquel que ha pasado por el combate interior, del que ha alcanzado el triunfo sobre el desorden de sus pasiones. No hay Pascua sin Viernes Santo, y no se puede llegar a la alegría de la resurrección transfigurante sin que la semilla del alma no se halla previamente hundido en el surco del dolor. Los Padres griegos amaban exhortar a la apátheia, es decir, al estado de quien ha vencido el caos interior, alcanzando cierta "impasibilidad" superior. San Gregorio de Nyssa hablaba de "la pasión impasible". Esto es lo que se intenta reflejar a través de los rostros a veces macilentos de los santos iconizados.

Especial relevancia en esta predicación, muda pero tan elocuente, tienen los íconos de los mártires. No en vano dice Santo Tomás que "el martirio es el signo de la caridad suprema". La Iglesia venera con especial predilección a "los amigos heridos del Esposo", y la iconografía está ampliamente poblada por esa nube de testigos. Los representa inmóviles, con los ojos bien abiertos, como habiendo alcanzado, tras la dura prueba, el gozo supremo de la contemplación final. Entre los mártires y los iconos reina una sintonía especial, porque también el icono fue mártir, especialmente durante la querella iconoclasta, cuando la sangre de los héroes de la fe se mezcló con las parcelas de los iconos destrozados.


De El Icono Esplendor de lo Sagrado, P. Alfredo Saenz, S.J, Ediciones Gladius, 2004.

Iconos de Elena Storni en el VI Encuentro de Iconografía Argentina (Izq: Ascensión del Señor, Der: Cristo Arquitecto del Mundo).

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