miércoles, 15 de diciembre de 2010

La belleza espiritual

Una antigua leyenda de Kiev, narra que el gran príncipe del Estado de la Rus-hoy Ucrania- había enviado a hombres "buenos e inteligentes" para observar la celebración litúrgica de cada religión (en su manifestación exterior), regresando a Kiev, después de haber presenciado en Roma (rito latino), Constantinopla-actual Estambul- (rito bizantino) y entre los musulmanes (Islam). Estos viajeros, se expresaban así ante Vladymyr sobre la celebración litúrgica bizantina: "No sabíamos si estábamos en el cielo o en la tierra, pues no hay aquí un espectáculo o belleza semejante. No sabemos cómo describirlo. Lo único que podemos afirmar es que allí Dios mora entre los hombres y el servicio divino es mejor que en cualquier otro país. No podemos olvidar lo bello de todo aquello" Ese era el relato de los enviados. Los mensajeros, una y otra vez se referían-con viva emoción-a la celebración litúrgica bizantina con el término "belleza", palabra que encierra un mensaje teológico: "Allí está Dios entre los hombres".

Lo bello-para la espiritualidad oriental-significa presencia divina, donde mora Dios.

No son necesarias las pruebas filosóficas para probar que Dios existe, sino aquellas que (...) existen en sí mismas por su belleza espiritual: el icono. Si existe el icono de la Sma. Trinidad, Dios existe, Uno y Trino. Si existe el icono de la Madre de Dios, ella también existe, por consiguiente.

La belleza-en la iconografía mariana eslava-no es solamente algo humano, "no es armonía física o artística que inspira placer y admiración", sino que es el criterio de la verdad revelada.

La admiración y devoción al icono van unidos. La oración transmite serenidad al ser, y este, a su vez, se dispone a exaltar la belleza espiritual del prototipo, representado en la imagen sagrada. (...) Según los cánones del arte bizantino, no es suficiente saber pintar, sino que el creador de la obra tiene que captar la belleza divina. (...) El artista, para pintar, tiene que creer, ante todo que lo bello no es algo estético-humano, que sirve para recrear el ojo profano, sino que es algo sobrenatural. (...) Este tipo de pintura exige el silencio y la abstracción de la mente. "Que toda carne humana, se sumerja en el silencio". Lo bello del icono es testimonio de verdad; de esta manera el hombre concibe la belleza como una referencia para la búsqueda de lo eterno. (...) El autor del icono, entonces, no es aquel que busca expresar ideas y sentimientos personales, sino que es un mediador que refleja la visión de lo sobrenatural. El icono es la auténtica teología de la belleza divina. Esto lo sostiene San Agustín al decir: "Es el único instrumento capaz de expresar lo que la palabra no alcanza a concretar en el alma del creyente".


De La Madre de Dios en los iconos bizantino-eslavos, P. Luis Glinka, Ed. Lumen, 1990.

Icono: Virgen de Vladimir, S. XII, Galería Tretyakov, Moscú.

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