viernes, 10 de diciembre de 2010

La expresión en los iconos

Los iconos están pintados con normas del pasado, sus formas y colores no dependen de la imaginación o del gusto del iconógrafo, sino que han ido pasando de generación en generación, en obediencia a una tradición venerable. Para saber que dice este icono, se deben conocer las leyes del espacio establecidas por los Padres de la Iglesia. El pintor de iconos no copia la naturaleza, no se preocupa del movimiento ni de la perspectiva, sus figuras carecen de espesor, los paisajes son esquemáticos con árboles estilizados y rocas talladas en forma de escaleras.

Ausencia de volumen: el icono excluye el volumen. Sus figuras son esquemáticas, sugieren la presencia de otra dimensión: la de la trascendencia, la del misterio representado.

Ausencia de perspectiva: no es que el iconógrafo desconozca las leyes de la perspectiva, sino que la utiliza como un recurso que ha dado en llamarse "perspectiva invertida". Las líneas de la perspectiva no se hallan en un punto de fuga, detrás de la pintura, sino en un punto puesto adelante. Este procedimiento esconde la intencionalidad de involucrar en la escena a quien la contempla.

Ausencia de movimiento: las figuras son sobrias, los gestos estilizados, generalmente están de frente. La falta de movimiento no tiene que ver con la falta de vitalidad. El santo está inmóvil porque ha sido introducido en la paz inamovible de la vida divina. Los que aún no han encontrado la paz en Dios, o simplemente no han alcanzado la meta final, aparecen representados en movimiento.

Ausencia de sombras: Así como en la Jerusalen celestial no hay necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios lo ilumina todo (Apoc 21,2), de manera análoga, en los íconos, la luz divina lo esclarece todo. Por eso los personajes y los objetos que integran el icono no son iluminados de tal o cual lado por un rayo de luz. Tampoco proyectan sombras, ya que no las hay en el Reino de Dios.

Ausencia de una arquitectura realista: la arquitectura representada en los iconos precisa el lugar donde se desarrolla el hecho: una casa, una ciudad. Estos elementos solo sirven de fondo, nada acontece en el edificio, sino delante de él. Esto tiene un sentido simbólico: los hechos que representan los iconos, si bien sucedidos en lugar concreto, de alguna manera lo exceden, y aunque sucedieron en un tiempo concreto, trascienden dicho tiempo y se proyectan al futuro.

El simbolismo en los colores: la gama de los colores solo es comprensible a la luz de la simbología. (...) La luz del oro simboliza lo divino. Dios es luz y su Encarnación es el ingreso de la luz en la historia del hombre. El iconógrafo llama "luz" al fondo de oro de la pintura, que simboliza la Gloria Divina que irradia su propia luz. No es un color, es luz. (...) El color rojo y el púrpura representan lo divino; el verde y el azul, lo terreno; el blanco, la equidad y la pureza; el rojo, el martirio, el fuego.

Para la realización de un icono, el artista procede con un método de iluminación progresiva, de tonos sombríos a tonos más claros, reproduciendo la imagen del crecimiento espiritual del hombre hacia la "luz".
Presencia y nombre de lo representado: La obra del iconógrafo queda cumplida cuando le pone el título. (...) Dice la tradición oriental: "si el nombre de Dios no se puede pronunciar en vano, tampoco se lo puede pintar en vano".
De Orando a Jesús en los iconos, P. Elías Cavero Domínguez, Ed. Bonum, 2004.
Icono: Madre de Dios (detalle) por Nora Makovitz.

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