miércoles, 22 de diciembre de 2010

La mirada iluminada

Uno de los secretos más difíciles de llegar a revelar (...) es la mirada (en las imagenes), que es como la suma de todos los valores espirituales y humanos contenidos en el prototipo. Es el centro de toda expresividad. (...) La mirada y la transparencia interior están intrínsecamente unidas. La plenitud del espíritu resplandece en los ojos. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso (Mt 6, 22). Los ojos revelan el estado de ánimo del ser humano, así como la serenidad, el sentimiento del hombre. por eso, la imagen, debe contener el mensaje divino-humano para poder, de esta forma, asemejarse a la mirada de la persona. Un icono que no transmite algo, no tiene vida; es profano. La mirada-en el icono-es presencia de lo divino; es visión del más allá, es aquello que supera todo lo humanamente visible. El Señor, la Madre de Dios nos contemplan-a través del icono-profundamente, con mirada tierna, misericordiosa, majestuosa, dulce; de manera contraria a lo que ocurre con algunas personas, cuya mirada puede ser seductora, odiosa, antipática, falta de vida espiritual.

En el encuentro del observador con la obra de arte (el icono), se produce una comunión entre dos almas: por un lado, la esperanza, la misericordia y el amor; y por otro, el dolor y el pecado del hombre. La imagen es el símbolo real de la comunicación del misterio y del poder divino.

Con su mirada, el Pantocrátor domina el universo, gobierna, ama; y la Madre de Dios guía a los afligidos por el camino de la esperanza hacia su Hijo. A través de sus ojos, la Virgen María comunica al hombre lo que la palabra no llega a expresar. (...) Los ojos-en los iconos-tienen por objetivo transmitir la belleza divina; la santidad, el misterio de Dios, e infundir en el hombre, perdido, desorientado, falto de capacidad para amar y ser amado, la misericordia y el perdón-siempre que en él se produzca una apertura del espíritu para recibir esos dones.

Un pintor sin una carga de vivencia espiritual y sin preparación teológica no puede llegar a lograr ese toque mágico para que realmente la mirada en la imagen sea una belleza espiritual, lograda por medio de la realidad humana.

(...) el estado de ánimo del pintor que vuelca sus tormentos o su unión con Dios, se agudiza en la realización de su pintura, pasando a formar parte de la misma. Tanto es así que existe una cantidad de imagenes carentes de vivencias espirituales y, por lo tanto, carentes de sentido religioso y de un mensaje divino. Cristo-Dios abrió los ojos de los ciegos simbolizando la aceptación de la fe. Les tocó los ojos, diciendo: "Hagase en vosotros según vuestra fe" (Mt 9, 29) Ningún hombre a visto el rostro de Dios. Él solo se ha revelado a través de Jesucristo. Las imagenes transmiten la mirada del Señor en forma humana, inspirándose en el relato de la Transfiguración (Mt 17, 2).


De La Madre de Dios en los iconos bizantino-eslavos, P. L. Glinka, Ed. Lumen, 1990.

Icono: El Mandylion (detalle) por Elena Storni.

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