miércoles, 22 de septiembre de 2010

El misterio de los rostros (en los íconos)

(...) Son como una tercera belleza, intermedia entre la fotografía y el lenguaje abstracto. En general van vestidos con gran elegancia, según el estilo bizantino (...), las figuras son esbeltas, los rasgos iluminados, la frente ancha, los ojos profundos, los oídos atentos. Ofrecen siempre el rostro sin perfiles. La representación de perfil está reservada a lo engañoso (el diablo en el ícono de la Natividad tentando a José, Judas en el ícono de la Santa Cena). (1) Todo el mensaje está en el rostro donde se descubre la imagen de Dios en el hombre. Los personajes son figuras inmóviles, como quien contempla y se deja contemplar. La carne nunca tiene el color natural. Es como una transfiguración de la naturaleza humana que anuncia la resurrección de los muertos. "El centro de la representación es siempre el rostro; es el lugar de la presencia del espíritu de Dios, porque la cabeza es la sede de la inteligencia y de la sabiduría. El rostro se construye en torno a tres círculos: el primero, normalmente dorado, contiene la aureola, símbolo de la gloria de Dios; el segundo, comprende la cabeza y en ella aparece la frente, como sede de la sabiduría, muy alta y convexa, de forma que aparezca la fuerza del Espíritu; el tercer círculo comprende la parte sensual del rostro y expresa la naturaleza humana de la que el personaje representado se ha revestido durante su vida. Los ojos, cuya mirada se irradia hacia el espectador y contiene concentrada toda la atención, son grandes, fijos y serios. Las narices son delgadas, vibrantes bajo el movimiento del soplo del Espíritu, y manifiestan el amor apasionado por Dios. La boca es diminuta, a veces está dibujada con una forma geométrica y está siempre como cerrada en el silencio de la contemplación". (2)

(1) Este párrafo es un agregado de la transcripción, no pertenece al libro.

(2) Il Volto interiore, O. Clement, Milán, Jaca Book, 1978.

De Oración ante los Íconos. Los Misterios de Cristo en el Año Litúrgico, Jesús Castellano, CPL, 1993.

Ícono: La Santa Faz (detalle) por Rubén Nogueira.