miércoles, 13 de octubre de 2010

San Ignacio de Antioquía (17 de Octubre)

(...) "Para mi es mejor morir para Jesucristo que reinar sobre los confines de la tierra. Busco a Aquél que murió por nosotros".








San Ignacio de Antioquía.

Santa Margarita María de Alacoque (16 de Octubre)

"He aquí el corazón que ha amado tanto a los hombres, que no se ha ahorrado nada, hasta extinguirse y consumarse para demostrarles su amor. Y en reconocimiento no recibo de la mayoría sino ingratitud"





Palabras del Señor a Santa Margarita María de Alacoque, mensajera del Sagrado Corazón de Jesús.

SS Benedicto XVI rezando ante las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque.

Santa Teresa de Jesús (de Ávila-15 de Octubre)

Nada te turbe, Nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta.
Eleva tu pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe.
A Jesucristo sigue con pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable, todo se pasa.
Aspira a lo celeste,que siempre dura;
fiel y rico en promesas, Dios no se muda.
Ámala cual merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia.
Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza.
Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios tu tesoro nada te falta.
Id, pues, bienes del mundo; id dichas vanas; aunque todo lo pierda, sólo Dios basta.


Nada te turbe, oración por Santa Teresa de Jesús, reformadora, refundadora de la Orden del Carmelo junto a San juan de la Cruz y Doctora de la Iglesia Católica.

El iconógrafo y la creatividad personal

(...) El sometimiento del iconógrafo a las prescripciones canónicas parecería, según nuestros criterios "modernos", limitar la creatividad personal. Pero este "ascetismo artístico" es lo que S.L.Frank, un pensador ruso del siglo XX, establece como condición de todo arte verdadero. La acción creadora del hombre es una participación, y por tanto una imitación, en la obra creadora divina. Dios no solo crea por crear, sino para santificar, para divinizar lo que ha creado. Consecuentemente también el iconógrafo pinta solo aquéllas formas que pueden expresar la plenitud del Espíritu Santo. Sin embargo, al mismo tiempo es profundamente consciente de que, movido por el amor a la Palabra y a la Iglesia-que hace vibrar su alma en la liturgia-, pintando con el mayor amor posible, da una impronta totalmente suya. Puesto que el amor no es reemplazable, el icono lleva una huella profundamente personal. El amor cuanto más fuerte es, más personal y universal es. Esta es la función de la luz en el ícono. La pintura de los iconos ve en la luz no solo una realidad externa a los objetos, sino la identidad esencial e íntima de su sustancia. Para la pintura de los iconos, la luz sostiene y crea las cosas, es su principio creador que se manifiesta en ellas mismas, pero que no se limita a ellas. "Todo lo que se manifiesta es luz" (Ef 5, 13). Volviendo al iconógrafo, este trazo personal no se debe entender en sentido formal, sino que se debe buscar en la dimensión agápica, en una relación de amor que lo une a la creación del icono.


De La Fe Según los Iconos, Tomás Spidlik-Marco Iván Rupnik, Monte Carmelo, España, 2003.