jueves, 9 de diciembre de 2010

La oración ante los iconos

"Existe una complementariedad entre la Palabra y la Imagen Sagrada... lo que la Palabra lleva al oído, la imagen lo lleva a la vista"

San Juan Damasceno


En los tiempos que nos toca vivir, es fácil ser víctima de las imagenes que nos rodean: carteles, tv, videos, vidrieras. Lo que vemos va quedando grabado en nuestra memoria. Tenemos que salvaguardar nuestra vida espiritual en medio de esta sociedad, enriquecer nuestro espacio interior, mantener nuestros ojos fijos en la Belleza del Señor.

Los iconos son imagenes que nos permiten contemplar los misterios de Dios, ir asimilando el contenido de la fe, conocer quien es Cristo, su Encarnación, su Navidad, su Epifanía, su Bautismo, su Muerte, su Resurrección. Ir aprendiendo así mismo quien es la Virgen y quienes los santos. Es una manera de expresar nuestra fe, una forma de mostrar lo invisible, a través de elementos sensibles. Son imagenes que nos invitan a crecer, en semejanza a ellos.

Los iconos no son fáciles de observar. A primera vista se manifiestan como algo rígido, sin vida, esquemático. Gradualmente, después de una presencia paciente y orante, empiezan a hablarnos, y cuando nos hablan lo hacen más a "nuestros sentidos interiores, que exteriores", hablan al corazón que busca a Dios.

La imagen es un "Sacramental" de la Iglesia: se bendice la imagen para que tenga la fuerza de la gracia y comunique su presencia. Una presencia que se propone, como una ventana que se abre a la eternidad, para entrar en comunicación con Cristo, con la Madre de Dios y con los santos, es una posibilidad de contemplar lo invisible. Detrás de sus dos dimensiones está Dios, que está más allá de cualquier dimensión o tamaño.

En la Encarnación de Dios, de un Dios que se abaja hasta el hombre para tomarlo de la mano, está el origen de la imagen sacra: Cristo es la imagen del dios invisible (Col 1, 15), por eso pintar iconos es proclamar la verdad del misterio de Cristo. "Aquel que no puede ser visto, tomando carne se ofreció, para ser visto..."

Contemplándolos, aprendemos que el mejor icono de Dios es el santo: "Transformado en esa misma imagen" dice Pablo (2 Cor 3, 18).

Cuando un ser humano ha llegado a la plenitud de la madurez espiritual, por obra del Espíritu Santo, es "imagen que se asemeja". (...) Cada icono por separado tiene una historia que contar, pero juntos tienen una historia de salvación.


De Orando a Jesús en los iconos, P. Elías Cavero Domínguez, Ed. Bonum, 2004.
Iconos: Arcángeles Gabriel y Miguel por Graciela Maggi.