domingo, 9 de enero de 2011

La Virgen María y el Espíritu Santo en los íconos

(...) La espiritualidad de la iconografía no deja a un lado la acción del Espíritu Santo, que está unido a la actividad de la Virgen Santísima, no son dos actividades espirituales separadas. Toda actividad eclesial, todo movimiento espiritual compete al Espíritu de Dios en la iglesia. Es el que mueve, inspira, anima los corazones de los hombres para cumplir la voluntad del Señor, según los planes de Dios. (...) María, como muy claramente evidencia la pintura oriental y canta la liturgia, por el misterio de la encarnación, contiene toda la economía de la salvación (San Juan Damasceno). María es la nueva creatura, es el límite entre el creado y el increado. Ella (...) es la Madre del Cordero y Pastor, Madre que por obra del Espíritu Santo, nos abre las puertas, siendo guía y maestra en el camino peregrinante en la fe hacia Jesucristo. María Santísima, por ser Madre de Dios, no es superior al Espíritu Santo, sino una creatura colmada de prerrogativas divinas, sin sobrepasar las de su Hijo y las del (propio) Espíritu Santo. La razón del culto mariano en las imagenes es la relación entre ella y el Espíritu Santo, según la voluntad misteriosa de Dios.

De La Madre de Dios en los iconos bizantino-eslavos, P.L.Glinka, Ed. Lumen, 1990.

Icono: Ntra. Sra. del Espíritu por Elena Storni.

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