domingo, 13 de febrero de 2011

Dios llega a nosotros no solo por la Palabra sino también por la Imagen (1)

Cristo quiso hacerse "contemporáneo" de todas las generaciones, y no solo de la suya propia. Por eso sigue hablando en la Iglesia a través de su palabra, y mediante sus iconos se pone al alcance de nuestra mirada, según la vigorosa expresión del Damasceno en una de sus exhortaciones a los pintores de imagenes: "Aquel que no puede ser visto, tomando carne se ofreció para ser mirado; haz entonces su imagen. A Aquel que existiendo en forma de Dios... revistió la figura del cuerpo...; exprésalo entonces en tablas, muéstralo claramente para que se lo mire, muéstralo a Aquel que quiso ser mirado". (...) "Los apóstoles vieron con sus ojos carnales a Dios hecho hombre, a Cristo -prosigue el Damasceno-; vieron su pasión, sus milagros, y oyeron sus palabras. Pues bien, también nosotros que seguimos las huellas de los apóstoles, deseamos ardientemente ver y oír. Los apóstoles veían a Cristo cara a cara porque Él estaba corporalmente presente. Pero nosotros, que no lo vemos directamente, aún cuando no oímos sus palabras, las escuchamos sin embargo por intermedio de los libros, santificando de ese modo nuestro oído y, mediante él, nuestra alma. Nos consideramos felices, y veneramos los libros por cuya mediación oímos esas palabras sagradas y somos santificados. Asimismo por intermedio de los iconos de Cristo, contemplamos su aspecto físico, sus milagros, su pasion. Esta contemplación santifica nuestra vista y mediante ella nuestra alma. Nos consideramos felices y veneramos esa imagenes, elevándonos, en la medida de lo posible, a través de ese aspecto físico, a la contemplación de la gloria divina".

De El icono, esplendor de lo sagrado, P.Alfredo Saenz, Ed. Gladius, 2004.

Icono: Cristo de Tahull por Elena Storni.

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