domingo, 17 de abril de 2011

Domingo de Ramos/Imagen de culto e imagen de devoción (2)

Y tomando hojas de palmera, salieron a su encuentro y lo aclamaban diciendo: "¡hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!

Jn 12, 13



La entrada de Jesus en Jerusalen por Elena Storni.




(...) Podría decirse que en la imagen de culto priva lo divino, y en la imagen de devoción predomina lo humano. Esta última no intenta expresar tanto la realidad sagrada cuanto más bien la realidad experimentada. Lo que en ella habla es el hombre. Ciertamente el hombre creyente y piadoso, pero siempre el hombre. Ante la imagen de culto uno no se pregunta: ¿quién la hizo, cómo la realizó? Con frecuencia esas imagenes son anónimas. La obra humana queda en un segundo plano. Lo que resalta es la presencia sagrada. En cambio, la imagen de devoción revela primordialmente la personalidad de un hombre determinado, el artista. El que hace una imagen de culto no es un "creador", si tomamos esta palabra tal como solemos emplearla, sino un servidor, alguien que obra con una finalidad bien determinada: hacer posible la presencia de lo sacro. En la imagen de devoción, el hombre tiene una iniciativa completamente distinta. No busca configurar un marco donde pueda ingresar la presencia, sino representar lo que imagine su fantasía. La imagen de culto está en relación con el dogma, con el sacramento, con la realidad objetiva de la Iglesia. Por eso el que la lleva a cabo ha de someterse a una misión e incluso a un control por parte de la Iglesia. En la imagen de culto se prolonga el dogma, la verdad de la fe, el orden sacramental, que no proceden de la experiencia interior, sino de Dios y de la sagrada doctrina. Está hermanada con la teología (...). De modo totalmente diverso ocurre con la imagen de devoción, en estrecha relación con la vida individual del cristiano.
La imagen de culto es sagrada, en el sentido estricto de la palabra, imagen de majestad. Si bien atrae por su belleza (...) en ella se hace también perceptible lo inaccesible de Dios, consolidando en el hombre el sentido de su creaturidad. La imagen de culto destaca las fronteras que separan al hombre de lo divino. La imagen de devoción, por el contrario, tiende puentes, manifestando más bien la semejanza entre lo humano y lo divino.


De "El icono, esplendor de lo sagrado, P. Alfredo Saenz SJ, Ed. Gladius, 2004.

Icono: Virgen de Saint Guillaume por Elena Storni.

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